sábado

Nieve fuimos y en nieve nos convertiremos.

Nicolás miró el precio del viaje en el taxímetro y rebuscó en su pantalón hasta sacar un billete de diez arrugado y cinco monedas de veinte.
—Aquí tiene, muchas gracias. —dijo depositando el importe en la mano áspera del conductor. Éste no lo miró y sin embargo, no le importó como habría ocurrido en otras ocasiones.
Al apearse del taxi exhaló una gran bocanada de aire. Ese era el día. Y además, era un día nublado y turbio. El cielo se veía completamente gris y el viento agitaba con fuerza. Casi podía escuchar el murmullo de la borrasca acercándose avenida arriba. El silbido le arañaba levemente el tímpano. Sí, sin duda era el día. Se cruzó los brazos en el pecho y con la cabeza gacha comenzó a caminar hacia la estación.
Era una gran prueba para él, no iba a tenerlo nada fácil. Por eso no quería pensar, no quería darle vueltas a lo sucedido. Durante toda la semana se había estado convenciendo a sí mismo de que, llegado el momento, debía mantener la cabeza fría y en calma porque sabía que el primer pensamiento indebido tiraría por completo su máscara de decisión y le dejaría indefenso. Indefenso y también herido ante el segundo pensamiento indebido, que sin duda alguna vencería y le haría volver por el camino que había venido. Miedo, lo llamaban algunos. Él rehuía esa palabra con toda la ignorancia que era capaz de reunir en sus neuronas. Pero era inevitable, él lo supo desde que lo decidió. Conforme se arrastraba cabizbajo por la avenida, comenzó a nevar y el primer impacto lo recibió agudo y directo en el corazón. La nieve siempre había sido sinónimo de ella.

Estaban en el salón y discutían por los horarios de trabajo y lo poco que se veían. A pesar de estar gritando, el recuerdo se le aparecía completamente en silencio. La veía hermosa con las mejillas sonrosadas del enfado, el pelo recogido en la nuca, el camisón que utilizaba para andar por la casa... Todo en ella era hermoso. Incluso cuando le desquiciaba y sacaba de él, el peor sentimiento de culpa y fracaso. Mientras discutían, comenzaba a nevar. Se veía a través de la ventana del salón, grandes copos cayendo con fuerza y rapidez. Pero ellos no se dieron cuenta, por mucho que amaran la nieve y la nieve les hiciera sonreír como niños, el enfado prevaleció a la ternura aquella vez. Porque en su naturaleza también estaba la gelidez, el ardor de la ira en pleno invierno. Ella no entró en calor, se volvió nieve. La nieve que tanto amaban, la que había sucumbido al enfado. Y sólo ese momento, una discusión como otra cualquiera, sirvió para quebrar definitivamente la historia de una pareja que resultó ser poco más que un par de desconocidos jugando bajo el mismo techo.

Sacudió la cabeza retirando algunos copos y cerró los ojos exhaustos. Se aferró a su maletín y siguió caminando. El frío empezaba a morder con ferocidad, de modo que apretó el paso hacia la estación. Quedaban apenas dos manzanas. Podría haberle pedido al taxista que le acercara hasta la puerta pero lo creyó cobarde y decidió ultimar el trecho caminando, como una prueba personal de que él era dueño de su vida y podría con ello y con todo lo que viniera. Cada paso hacia la estación pesaba toneladas y él las sentías sobre su maltrecha espalda. Pero también sentía como, con cada metro que dejaba atrás, su tensión se aligeraba y podía avanzar con algo más de energía. Esto le hizo olvidar el frío y la nieve. Y ella se desdibujó en el horizonte, tornando su recuerdo en una escena difusa y aparentemente, muy lejana.

11 transeúntes:

  1. Me encanta tu prosa.
    Es tan cuidada y al mismo tiempo tan... gráfica. Y si ya de por sí me encantan las metáforas del frío, esta me ha encantado de veras.
    Como me ha encogido el corazón que no desviaran la vista a la ventana para descubrir los copos y volver a ser niños.

    Espero que talles muchos vértices en mis huesos con estas letras este año que se acerca. Un beso Uve.

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  2. Amo amo amo el modo en el que describis cada cosita :3
    Felíz 2012, espero que lo comiences de 10 Srta. Vertice :)

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  3. Precioso el texto, al igual que al anterior. La verdad es que esta historia me tiene muy intrigada.
    Al igual que Annie a mí también me ha entristecido que no se percatasen de esa nieve que tanto amaban.
    Un saludín Uve, y feliz año :)

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  4. La nieve, siempre tan contradictoria. Dile a Nicolás de mi parte que es un valiente, que siga caminando hasta la estación y se sacuda la nieve de los hombros y el malentín.


    (sonrisa de elefante y sugus de cereza)

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  5. La nieve te envuelve, te atrapa.
    Te sigo por aquí también pues. Saludos :)

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  6. Esta mañana lo he leído con el móvil ¿Y sabes qué? No me creía que había terminado ya la entrada. Se había terminado justo cuando yo quería saber más y más. Me dejas con ganas y eso es muy bueno :)

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  7. Al igual que me pasó con la primera parte, estoy en la historia. Que no enganchado a ella sino un espectador, descargando maletas en la estación. Cuando se me derritan los copos de nieve que tengo sobre los hombros, podré reaccionar y exhalar el Berlín que me imbuyes en los pulmones.
    Eres grande :D

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  8. Seguro que con cada paso que Nicolás dé se hará mucho más valiente. Y que con el tiempo, tal vez la nieve consiga desdibujarla del todo.
    Tú con tanta magia, V.

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  9. La nieve no siempre fue la enemiga del amor, a veces sirvió para dejar los sentimientos congelados en el corazón, para que se quedasen allí por muchas peleas o discusiones que hubieran.
    Un beso enorme :)

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  10. (¡pensé que ya te seguía! se ve que sigo tan despistada como siempre)

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